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!PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!

El manifiesto del partido comunista permitió pasar de la lucha clandestina a la lucha abierta por el poder político y social; puso de presente el papel de la lucha de clases en la historia; y su análisis está basado en el concepto de formación social. Estos, a grandes rasgos, fueron los aspectos abordados en nuestro artículo anterior.

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Conmemoración del 170 aniversario de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista

Segundo Artículo

Por: Efraín Pabón

El manifiesto del partido comunista permitió pasar de la lucha clandestina a la lucha abierta por el poder político y social; puso de presente el papel de la lucha de clases en la historia; y su análisis está basado en el concepto de formación social. Estos, a grandes rasgos, fueron los aspectos abordados en nuestro artículo anterior. Tal como quedó planteado, caracterizaremos cada uno de los capítulos de esta obra, sin embargo, en nuestro primer artículo no abordamos todos los aspectos referidos en el primer capítulo, por lo cual vamos a continuar donde quedó nuestra presentación.

En BURGUESES Y PROLETARIOS, Marx y Engels muestran que cada una de estas clases no surgieron espontáneamente, sino que son un producto de las relaciones sociales que se fueron configurando a lo largo de la historia, y como vimos, la historia no es otra cosa que el proceso mediante el cual una determinada sociedad produce su existencia. En otras palabras, las clases sociales son un producto histórico. Pertenecer a una clase es producto del modo de vida, de la cultura, y de la relación que se tenga con los medios de producción. Estos tres aspectos que definen a una clase social, no son los únicos, sino que de ellos se deriva la ideología de la clase, los valores, la concepción de mundo, la posición política, entre los más destacados.

En este artículo vamos a enfatizar algunas ideas que consideramos importantes, que presentan Marx y Engels en este primer capítulo del manifiesto, referidos a la lucha de clases, a la contradicción histórica que da origen a dicha lucha de clases, y a la necesidad de asumir, como práctica de vida, el proceso de transformación radical de las relaciones sociales, como única vía de resolver dicho conflicto histórico.

El propósito de destruir una sociedad y construir una nueva, según la perspectiva de análisis que nos plantea el marxismo, implica, no solo la lucha por el control de los medios de producción, que hoy están en manos de los capitalistas, de los burgueses, sino también crear una nueva cultura, una nueva ideología, unos nuevos valores, una concepción de mundo acorde al proceso de transformación, una postura política en coherencia con dicho proceso de cambio. Todo esto está planteado en el manifiesto, pero hay que considerar que no les fue posible a Marx y Engels, detenerse a explicitar ampliamente cada uno de estos aspectos, en razón de los objetivos de la obra y de la brevedad de la misma.

Con el tiempo transcurrido desde la publicación del manifiesto, y con el desarrollo de la sociedad, es decir, de la ciencia, la tecnología, de la educación, de las comunicaciones, de la cultura, etc., hoy tenemos mayores elementos para comprender de qué se trata un proceso de cambio social. La sociedad comunista, la sociedad basada en la propiedad común de los medios de producción, se plantea como distinta, como alternativa, y por ello como nueva sociedad, si logra transformar coordinada y coherentemente las relaciones sociales, a las instituciones sociales creadas para legitimar y viabilizar dichas relaciones sociales, los valores, los imaginarios, y fundamentalmente a las mujeres y los hombres vinculados a estas relaciones sociales.

Para ejemplificar brevemente esto dicho, tengamos presente que el objetivo del manifiesto del partido comunista fue hacer pública la ideología y el proyecto político de los comunistas. El marxismo en este sentido es una demostración de que todo proceso de cambio, de transformación, requiere que la idea misma de la necesidad del cambio, de la transformación, se revele como una idea necesaria.

Haciendo la crítica de la clase de los burgueses, Marx y Engels destacan que esta clase, revolucionando las fuerzas productivas, lograron igualmente transformar todas las formas idealizadas de las relaciones entre los siervos y sus patrones, es decir, despojaron de su aura de respeto y de venerabilidad a todas las profesiones del pasado, al convertirse todas ellas en una más de las mercancías de la sociedad capitalista. En este caso, no solo se transformaron las relaciones sociales de producción, sino que a la par de este proceso, se transformaron las ideas, los valores, las distintas formas de concebir y de relacionamiento social a partir de las profesiones. Vemos cómo un cambio en las relaciones sociales de producción deriva en un cambio correspondiente en el imaginario social, en las ideas y los valores sociales.

Con este breve ejemplo queremos resaltar que el manifiesto es, sin lugar a dudas, una exposición fundamentada de la necesidad de que la idea de la transformación social, se convierta en fuerza material, es decir, que sea una idea que encarne en las mayorías sociales que viven de vender fuerza de trabajo, a partir de la conciencia del carácter explotador de la sociedad capitalista, y por ello la necesidad de transformar dicha sociedad. Pero, ¿las ideas de cambio social surgen espontáneamente? ¿solo a mujeres y hombres destacados se les ocurren dichas ideas?

Marx y Engels, en este primer capítulo del manifiesto, han hecho una exposición del proceso histórico de transformación de la vieja sociedad feudal, hasta convertirse en sociedad burguesa, y todo ello tuvo como elemento determinante, la transformación de las relaciones de producción. Haciendo una síntesis de este capítulo, diremos que la idea básica del marxismo acá es que en un momento dado de la historia social, las relaciones de producción, que siempre están en un proceso constante de desarrollo, de avance, de transformación, dejan de corresponder con el carácter de la propiedad en dicha sociedad.

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Las relaciones de producción burguesas, basadas en la explotación de la fuerza de trabajo entraron en contradicción con el carácter social de la propiedad en la sociedad feudal, por ello mismo se agudizó e intensificó la lucha de clases entre la burguesía y las clases más representativas de la sociedad feudal, la monarquía, la nobleza, los terratenientes, el clero, etc., y sobrevino entonces un momento de revolución social.

En palabras de Marx y Engels, las fuerzas productivas entran en contradicción con las relaciones de producción, o con su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en una determinada sociedad. Es por esto que las ideas de trasformación, de cambio, no surgen espontáneamente, además, no las conciben aisladamente algunas mujeres o algunos hombres destacados, sino que estas ideas tienen como sustrato material a las mismas relaciones sociales de producción.

Del conflicto social entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, se deriva en la conciencia de las mujeres y los hombres el carácter de dicho conflicto y la necesidad de resolverlo por la vía revolucionaria. Así, sobre este entendido, este primer capítulo del manifiesto, nos muestra cómo la burguesía transformó los cimientos de la sociedad feudal, transformando las relaciones de producción, y una vez lograron esto, concentrando en sus manos el poder económico, su nuevo propósito fue conquistar el poder político, triunfo que también obtuvieron hasta convertirse en la clase hegemónica de la sociedad. Desde este lugar hegemónico en los ámbitos económico y político, transformaron igualmente los valores, los imaginarios, la cultura, la ideología, la moral, etc., acorde a sus intereses de clase. Según expresión del manifiesto, la burguesía creó un mundo a su imagen y semejanza.

La burguesía, que empezó siendo una clase revolucionaria en el seno de la sociedad feudal, una vez conquistó el poder económico y político, se convirtió en clase reaccionaria, y por ello en un obstáculo para el mismo desarrollo de la sociedad.

La sociedad burguesa surge en la historia sobre la base de un conflicto, el conflicto existente entre las relaciones de producción, socializadas, masivas, y el carácter privado de la propiedad, por ello la única forma de resolver este conflicto es mediante la transformación radical del carácter social de la propiedad y de las relaciones de producción, para así  transformar radicalmente las demás formas de relación social en la sociedad burguesa.

Este proceso de cambio, que como expresa reiteradamente el marxismo es un cambio radical, es decir, no se trata solo de pequeñas reformas, de cambiar solo algunos aspectos de la sociedad, requiere que esta idea sea válida, como proyecto de vida, para la gran masa de población sometida al régimen de explotación laboral en el capitalismo, como lo expresamos previamente, pero las mujeres y los hombres son seres históricos, es decir, su concepción de mundo, su ideología, sus valores, se corresponden con el nivel de desarrollo de la sociedad en la cual viven, y en este caso, la sociedad burguesa, es decir, la sociedad en que impera la hegemonía burguesa, ha moldeado el modo de vida de los miembros de la sociedad de manera genérica, haciéndolos proclives al mantenimiento de su status social y a la defensa de sus intereses.

Este es un primer obstáculo que ha de vencer todo proyecto revolucionario, el obstáculo de la enajenación ideológica, es decir, la influencia que tienen las ideas, los valores, la moral, etc., de la clase que domina y explota, sobre las demás clases. Es por ello que el manifiesto del partido comunista es una obra invaluable en la historia política mundial, porque es un instrumento de lucha ideológica y política de los proletarios, y es igualmente una demostración histórica que la revolución ha emergido como expresión de la necesidad social del cambio, y que dicha revolución anida en la clase que la historia ha definido para adelantarla.

El proletariado, a partir del manifiesto, debe convertirse en fuerza material de la revolución, basado en la unidad de la clase, en su organización, en el afianzamiento de su ideología, y en la fuerza que da un horizonte estratégico de su lucha, es decir, un proyecto de cambio social, por ello la lucha del pueblo, la lucha de los distintos sectores sociales hoy sometidos al régimen de explotación económica y al régimen de dominación política en el mundo entero, debe superar la fragmentación de las luchas reivindicativas de estos sectores, y asumir coherentemente la unificación de todas las luchas, en una única lucha para destruir al modelo social capitalista que está en contra de la vida misma.

Es por ello que sigue resonando atronadoramente en nuestra conciencia el llamado de los comunistas ¡Proletarios de todos los países, uníos!

 

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“El Capitalismo tiende a destruir sus principales fuentes de ganancia La Naturaleza y los Seres Humanos”
Carlos Marx


Por: Rubén Vásquez  

El pasado  5 de Mayo se cumplieron 200 años del natalicio de Carlos Marx. Sin duda alguna uno de los personajes más trascendentales en la lucha de los pueblos contra el Capitalismo.  La vigencia de su pensamiento y su método de  estudio y análisis para la comprensión de la realidad y transformarla, siguen presentes en el quehacer cotidiano de quienes creemos en la necesidad de construir ese otro mundo posible.
 
Sus estudios críticos sobre la economía capitalista son, hasta nuestros días, una gran contribución a la historia de la civilización en el afán por superarla, como modelo de desarrollo económico-social de la humanidad.  El Capital ha sido un texto consultado por los sujetos y actores protagónicos de la lucha por la emancipación social y la redención de nuestros pueblos.
 
Los escritos filosóficos basados en una concepción materialista combaten las visiones idealistas y los enfoques metafísicos  de la historia;  sus ideas entroncan en la realidad latinoamericana con  la perspectiva de construcción del pensamiento propio, asumidas  en su esencia y guía, mas no como dogma si no como desarrollo creador  en la búsqueda de las  transformaciones políticas, económicas y sociales  que garanticen  la felicidad, la vida plena y la Libertad de los pueblos.
 
La reafirmación política de nuestro SER ELENO  tiene que ver con comprender al marxismo-leninismo como fundamento  ideológico y base de nuestra practica social, como guía para la acción revolucionaria aplicada creadoramente a nuestra realidad como organización y país, articulado lo más desarrollado del pensamiento revolucionario.    
 
Hablar de Marx es hablar de la defensa permanente  de las ideas y principios fundamentales para construir la Nueva Sociedad: Mariátegui, Mella, El Che y Fidel, entre otros grandes héroes de nuestra historia liberadora que supieron a ciencia cierta interpretar el método y fundirlo con nuestra realidad y acción transformadora.
 
Releer a Marx en nuestros tiempos tiene que ver con la premisa de que se trata no solo de  “interpretar el mundo sino acelerar su transformación”.
 
Así como lo afirmara el Che en su momento: “La integración entre cristianos y Marxistas está en buena medida el futuro invencible de la Revolución Latinoamericana”. De esta premisa partimos para destacar el aporte que el marxismo ha hecho a la lucha del pueblo colombiano y latinoamericano en el contexto de la lucha de clases.
 
El Comandante Camilo Torres Restrepo propuso el dialogo entre marxistas y cristianos, convencido profundamente que en los cambios revolucionarios se podía participar desde la fe y las convicciones cristianas.  
 
La Teología de la Liberación, corriente cristiana de pensamiento revolucionario liderada entre otros por el comandante Camilo Torres Restrepo,  teólogos de Perú,  Brasil, Argentina y otros pueblos del Continente que asumieron la opción  por los pobres y la  fe cristiana articulada a la lucha por la liberación  económica, política, social e ideológica. Esta corriente rescata la dignidad del hombre y ha hecho trascendentales  aportes a los procesos  liberadores en Latinoamérica especialmente en México, Nicaragua, El Salvador y Colombia.  
 
Reafirmamos a Marx y la vigencia de su pensamiento también como una visión sobre el mundo desde la vida y las esperanzas y aspiraciones de los oprimidos y explotados del mundo.  Nuestra apuesta siempre estará al lado de los humildes enmarcados en un proyecto de vida y humanidad donde la equidad y justicia social emerjan desde el equilibrio y preservación de la especie humana, la naturaleza y el planeta.
 
Nuestras luchas hoy con el antecedente histórico social del movimiento obrero, sindical, campesino y estudiantil son las semillas que han de parir la Patria Nueva.
 
Seguimos con la tarea de ser Marxistas en el pensamiento y tomamos de él la guía para la acción política transformadora del mundo, desde la lucha de clases, a través del combate por la revolución colombiana y nuestramericana.
 
Marx vivirá a lo largo de los siglos, y con su nombre, su obra.

Fte: RPI #411.

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Descargue desde aquí el libro completo: http://cipec.nuevaradio.org/b2-img/LukcsNestorKohan_02.pdf.

 

LA ACTUALIDAD DE LA REVOLUCIÓN

Capitulo 1.

El materialismo histórico es la teoría de la revolución proletaria. Y lo es porque su esencia es la síntesis conceptual de ese ser social al que se debe la producción del proletariado y que determina el ser entero delmismo; lo es porque el Proletariado que lucha por su liberación encuentra en él su más clara autoconciencia.

La grandeza de un pensador proletario, de un representante del materialismo histórico, se mide, en consecuencia, por la amplitud y profundidad de su penetración en estos problemas. Se mide, así mismo, por la intensidad con que es capaz de percibir adecuadamente, más allá de los fenómenos de la sociedad burguesa, esas tendencias de la revolución proletaria que en ellos y por medio de ellos van elaborándose hasta adquirir un ser eficaz y una clara conciencia. De acuerdo con este
criterio, Lenin es, sin duda, el pensador más grande que, desde Marx,ha producido el movimiento obrero revolucionario.

Los oportunistas, ya que no pueden ocultar o simplemente trivializar su importancia ante el mundo, tienen a bien decir que Lenin ha sido un gran político ruso, pero que para llegar a líder del proletariado mundial le ha faltado el necesario conocimiento de la diferencia existente entre Rusia y los países capitalistas avanzado; que ha hecho extensibles de
manera nada crítica -y ésta habría de ser su gran limitación desde una perspectiva histórica- los problemas y soluciones de la realidad rusa a la generalidad, intentando su aplicación al mundo entero. Olvidan -y es algo que hoy se olvida con razón- que este mismo reproche le fue hecho a Marx en su tiempo. Se decía que Marx había convertido, de manera nada crítica, sus observaciones en torno a la vida económica inglesa y a las fábricas inglesas en leyes generales de la evolución social; las observaciones podían ser, en cuanto a tales, de lo más justas, sin embargo, como leyes generales, no podían menos de
resultar necesariamente falsas.


Actualmente no es ya en modo alguno necesario refutar detenidamente este error, ni ponerse a evidenciar que Marx, en realidad, jamás "generalizó" experiencias aisladas, limitadas en el tiempo y en el espacio. Marx vislumbró, por el contrario, tanto histórica como teóricamente -y de acuerdo con el método de trabajo de los auténticos genios históricos y políticos- en el macrocosmos de la fábrica inglesa, en sus supuestos básicos, condiciones y consecuencias de orden social, en 
las tendencias históricas conducentes a su surgimiento y en las que hacían problemática su existencia el macrocosmos del capitalismo en la totalidad de sus dimensiones. Porque esto es, precisamente, lo que distingue al genio del simple
rutinario en la ciencia o en la política. A este último sólo le es dado comprender y distinguir los momentos del proceso social en sus datos inmediatos, aislados unos de otros. Y si pretende remontarse a conclusiones generales no hace, en definitiva, sino interpretar -de manera totalmente abstracta- ciertos aspectos de un fenómeno limitado en el espacio y en el tiempo como "leyes generales", aplicándolas como tales. El genio, por el contrario, que penetra en la verdadera esencia de una época, en su verdadera tendencia primordial, viva y efectiva, percibe más allá del conjunto de los acontecimientos de su tiempo la vigencia, precisamente, de esta misma tendencia, de tal modo que aun cuando su intención no sea otra que hablar de los problemas del día tan sólo, está en realidad ocupándose de los problemas decisivos.


Hoy sabemos que la grandeza de Marx estriba, precisamente, en esto. A partir de la estructura de la fábrica inglesa captó e interpretó todas las tendencias decisivas del capitalismo moderno. Tuvo siempre ante los ojos la totalidad del desarrollo capitalista. He ahí por qué pudo vislumbrar a un tiempo en todos y cada uno de sus fenómenos la totalidad del proceso, y en su estructura, el movimiento del mismo. Pero pocos son hoy los que saben que Lenin ha conseguido respecto de
nuestro tiempo lo mismo que Marx llegó a conseguir respecto de la evolución general del capitalismo. En los problemas de la evolución de la Rusia moderna -desde los problemas del surgimiento del capitalismo en el marco de un absolutismo semifeudal, hasta los de la realización del socialismo en un país rural atrasado- ha vislumbrado Lenin en todo momento los problemas de la época entera: la entrada en la última fase del capitalismo y las posibilidades de orientar la lucha decisiva,
convertida ya en inevitable entre burguesía y proletariado a favor de éste, para la salvación de la humanidad. Lenin jamás generalizó -de igual modo a como tampoco lo hizo Marxexperiencias locales privativas de Rusia, limitadas en el tiempo o en el espacio. Con la mirada del genio supo percibir, por el contrario, en el lugar y en el momento de sus primeros efectos, el problema fundamental de nuestra época: la inminencia de la revolución. Y todos los fenómenos, tanto rusos como internacionales, los comprendió e hizo inteligibles a partir de esta perspectiva, la perspectiva de la actualidad de la revolución.


La actualidad de la revolución: he ahí el pensamiento fundamental de Lenin y el punto, al mismo tiempo, que de manera decisiva le vincula a Marx. Porque el materialismo histórico, en tanto que expresión conceptual de la lucha del proletariado por su liberación, no podía ser captado y formulado teóricamente sino en el momento histórico en que por su actualidad práctica había accedido al primer plano de la historia. En un momento en el que, por citar las palabras mismas de Marx, en la miseria del proletariado no se muestra únicamente la miseria en cuanto a tal, sino su aspecto revolucionario "llamado a derrocar la vieja sociedad". Por supuesto que también entonces era necesaria la mirada imperturbable del genio para vislumbrar la actualidad de la revolución proletaria. Porque al hombre medio la revolución proletaria sólo le
resulta visible cuando las masas obreras se encuentran ya luchando en las barricadas. Y si este hombre medio ha recibido una formación marxista vulgar, ni siquiera entonces. Porque a los ojos del marxista vulgar los fundamentos de la sociedad burguesa son tan inamovibles, que aun en los momentos de su conmoción más evidente no desea otra
cosa que el regreso de la situación "normal" no viendo en sus crisis sino episodios pasajeros y considerando la lucha, incluso en tales períodos, como la nada razonable rebelión de unos cuantos irresponsables contra el, a pesar de todo, invencible capitalismo. Los que luchan en las barricadas le parecen, pues, extraviados; la revolución aplastada un "error" y los constructores del socialismo en una revolución victoriosa -aunque a los ojos de los oportunistas sólo pueda
forzosamente serlo de manera efímera- incluso, criminales.

En el materialismo histórico figura, pues, como condición previa -ya en la teoría- la actualidad histórico-universal de la revolución proletaria. En este sentido, como fundamento objetivo de toda la época y como clave para su entendimiento, constituye el núcleo de la doctrina marxista. Sin embargo, a pesar de la restricción, impuesta por el tajante repudio de
todas las ilusiones no fundadas y la condenación severa de todas las tentativas de putsch, la interpretación oportunista se aferra, atendiendo especialmente a los detalles, a los llamados errores de las previsiones de Marx, con el fin de extirpar de manera total y radical la revolución, por medio de este rodeo, del edificio general del marxismo. Y en esto los defensores "ortodoxos" de Marx se encuentran a medio camino con sus "críticos". Kautsky replica a Bernstein que la decisión acerca de la dictadura del proletariado es asunto que hay que abandonar al futuro (aun futuro muy lejano, por supuesto).

Lenin ha restaurado en este punto la pureza de la teoría marxista. Y la ha captado, precisamente en lo que a esto concierne, de manera más clara y concreta. No es que haya intentado corregir de un modo u otro a Marx. Se ha limitado a introducir en la teoría -a raíz de la muerte de Marx- la marcha viva del proceso histórico. Lo cual significa que la actualidad de la revolución proletaria no es ya únicamente un horizonte histórico-universal tendido por encima de la clase obrera que pugna por liberarse, sino que la revolución se ha convertido en el problema crucial del movimiento obrero.

Lenin podía soportar tranquilamente el reproche de blanquismo,1 etc., que le valió esta postura suya fundamental. Y no   sólo por estar en buena compañía, en este punto, ya que compartía dicho reproche con Marx (con "ciertos aspectos" de Marx) sino porque en realidad no se ganó esta buena compañía sin merecimientos por su parte. Por un lado, ni Marx ni Lenin se plantearon nunca la actualidad de la revolución proletaria y sus objetivos finales como si su realización fuera posible en cualquier forma y en cualquier momento. Por otro, la actualidad de la revolución llegó a convertirse para ambos en el seguro criterio de acuerdo con el cual tomar las decisiones pertinentes en todos los problemas cotidianos.
La actualidad de la revolución determina el tono fundamental de toda una época. Tan sólo la relación de las acciones aisladas con este punto central, que únicamente puede ser encontrado mediante el análisis exacto del conjunto histórico-social, hace que dichas acciones aisladas sean revolucionarias o contrarrevolucionarias. Como actualidad de la revolución hay, pues, que entender: el estudio de todos y cada uno de los problemas particulares del momento en su concreta relación con la totalidad histórico-social; su consideración como momentos de la liberación del proletariado.

El enriquecimiento que, en este sentido, el marxismo debe a Lenin, consiste simplemente -simplemente!- en la vinculación íntima, evidente y cargada de consecuencias de las acciones individuales al destino global, al destino revolucionario de toda la clase obrera. Significa simplemente que todo problema actual -por de pronto ya como tal problema actual- se ha convertido, a la vez, en un problema fundamental de la revolución. Con el desarrollo del capitalismo la revolución proletaria se ha convertido en el problema del día. Lenin no ha sido el único en prever la inminencia de esta revolución. De todos modos, no sólo se distingue por su valor, abnegación y su entrega de todos aquellos que en el momento en que la revolución proletaria, cuya actualidad habían pregonado ellos mismos en el plano teórico, entraba en su fase práctica prefirieron huir cobardemente, sino también por su claridad teórica de los mejores, más lúcidos y heroicos de entre los revolucionarios contemporáneos. Porque ni siquiera éstos fueron capaces de otra cosa que de reconocer la actualidad de la revolución proletaria del modo mismo en que Marx la concibió en su período histórico: como problema fundamental de la
época. No les fue posible convertir este exacto conocimiento suyo -pero sólo en ella- en el hilo conductor indiscutible de exacto en la perspectiva histórico mundial, todos los problemas del día, tanto de los políticos como de los económicos, de os teóricos como de los tácticos, de los concernientes a la agitación corno de los relacionados con la organización. Lenin fue el único en consumar este paso hacia la concretización del marxismo, un marxismo actualmente convertido en algo eminentemente práctico. De ahí que -en el plano histórico-mundial- haya sido el único teórico comparable a Marx que hasta la fecha ha producido la lucha del proletariado por su liberación.

Notas

1. Se da el nombre de blanquismo a la tendencia política representada por Louis Auguste Blanqui (1803-1881), uno de los revolucionarios franceses más importantes del siglo XIX, y sus seguidores. Creía en la necesidad de una dictadura revolucionaria que reeducara a las masas, implantada por un pequeño partido armado y muy disciplinado.

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Ser revolucionario, luchar por la transformación social, declararse rebelde frente al poder establecido, dedicar las fuerzas vitales al propósito de hacer posible una sociedad nueva y distinta, ser una mujer y un hombre nuevo, todo ello adquirió un sentido histórico, más allá de solo un ideal, a partir de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista. La redacción de esta declaración pública de la postura política, la ideología y los objetivos de los comunistas, les fue encargada a Carlos Marx y Federico Engels por una organización clandestina de obreros, una organización creada para la lucha política y social, llamada "La liga de los comunistas".

Desde el momento de su publicación hasta el día de hoy, las y los revolucionarios, así como las organizaciones políticas de izquierda, y por supuesto las organizaciones guerrilleras, a lo largo y ancho del mundo, han leído en sus páginas el mensaje de convertir en un hecho posible la destrucción de la sociedad capitalista, que genera de un lado riqueza y poder político y social en una minoría, y del otro lado miseria, pobreza y condiciones de vida indignantes para las mayorías, y ese mensaje plantea claramente que la destrucción de la sociedad vieja y la creación de la nueva sociedad se hace mediante la práctica revolucionaria. Es decir, no se trata solo de entender las condiciones de vida social antes descritas, sino que se requiere asumir una práctica revolucionaria para hacer posible el cambio de sociedad.

En este año 2018 se conmemoran 170 años de la publicación del manifiesto, escrito a finales del año 1847 y las primeras semanas del año 1848, el cual se publicó el día 21 de febrero de 1848 en la ciudad de Londres (Inglaterra), originalmente publicado en idioma alemán, luego traducido a varios idiomas, entre ellos el español. Con motivo de esta conmemoración, dedicaremos algunos artículos sobre esta obra y a su vez hacemos una invitación especial a las y los militantes del ELN, a retomar la lectura de este verdadero plan de lucha revolucionaria, a revitalizar el compromiso revolucionario volviendo a sus páginas, para reencontrarnos, entre otras, con los puntos planteados por los comunistas para adelantar la tarea de la toma del poder político y la transformación social. La invitación a volver a leer el manifiesto puede ser de forma individual, o si las condiciones lo permiten, que se hagan lecturas colectivas y sirva la ocasión para hacer formación política con la militancia.

Este primer artículo sobre el manifiesto está dedicado a caracterizar cada uno de sus capítulos, y a hacer algunos énfasis en las ideas más destacadas de cada uno de ellos. En los siguientes artículos tendremos ocasión de hacer referencia a hechos del contexto histórico en que se escribió esta obra, en razón a que su publicación se dio en un momento de revoluciones en varios países europeos.

El manifiesto consta de una introducción y cuatro capítulos. En la introducción Marx y Engels declaran explícitamente que la obra tiene el propósito de exponer las ideas y el plan de lucha de los comunistas, organizados como partido político revolucionario, para destruir el poder político, las instituciones, las relaciones sociales, las ideas, los valores, etc., de la vieja sociedad e instaurar una nueva. Esta introducción se abre con una frase que ya es muy conocida en el mundo entero, dice así: “un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”.

La liga de los comunistas, como dijimos previamente, era una organización obrera que tenía un carácter clandestino, dado que el poder político en ese momento, el poder absolutista feudal en varios países europeos, y las monarquías constitucionales en otros países, restringían las libertades sociales, entre ellas la libertad de asociación para la actividad política, por ello quienes no estaban de acuerdo ni conformes con el régimen político en ese momento y emprendían acciones para criticarlo, deslegitimarlo y derrocarlo, tenían que organizarse y adelantar las distintas actividades revolucionarias de manera clandestina, so pena de ser arrestados y enjuiciados, exiliados o condenados a pena de muerte. Marx y Engels, en consecuencia, declaran que ya pasó el tiempo de actuar clandestinamente, que llegó el momento de exponer el plan de lucha de los comunistas y actuar amplia y abiertamente para el logro de sus objetivos. Esta frase introductoria es entonces una verdadera consigna de lucha.

El primer capítulo se llama: BURGUESES Y PROLETARIOS. Este capítulo es muy importante en la historia política mundial, ya que Marx y Engels hacen uso de la concepción materialista de la historia para caracterizar la formación social burguesa. (Ya se ve la necesidad y la importancia para los revolucionarios, y particularmente para la militancia del ELN, de tener suficientemente claros estos conceptos, por lo cual hablaremos de ellos en otra ocasión).

El primer aspecto abordado en este capítulo es la lucha de clases. El mismo Marx en una carta a uno de sus copartidarios, el comunista José Weidemeyer, le escribia que no fue él quien por primera vez habló de la lucha de clases, ya antes algunos historiadores franceses habían usado la expresión “lucha de clases”. Veamos cuál fue el aporte de Marx, con sus propias palabras, para lo cual reproducimos lo dicho por él en aquella carta:
“Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases...”

Acá, por razones metodológicas, solo vamos a ocuparnos del numeral 1 expuesto por Marx en esta carta. Este punto de vista respecto de la lucha de clases, unió de una vez y para siempre la historia social con los modos de producción de los bienes de existencia, es decir, si hay algo que podamos llamar historia, ésta no es otra cosa que el modo cómo produce una determinada sociedad su existencia. ¿y dónde está la lucha de clases en esta concepción de la historia?

Veamos, Marx vincula los modos de producción al carácter social de la propiedad. Esto quiere decir que acorde con el carácter social de la propiedad en una determinada sociedad, se establecen distintos tipos de relaciones sociales para producir los bienes de existencia. Si en una determinada sociedad el carácter social de la propiedad es colectiva, las relaciones sociales para producir los bienes de existencia serán de cooperación, solidaridad y beneficio común. Por otra parte, si en una determinada sociedad el carácter social de la propiedad es privada, las relaciones sociales para producir los bienes de existencia serán relaciones de explotación.

El desarrollo mismo de la producción hizo que en un determinando momento de la historia social se produjera más de lo necesario para garantizar la existencia de los miembros de la sociedad. En otras palabras, producir más de lo necesario para subsistencia de la comunidad, fue producto del proceso constante de desarrollo, de cambio, de control y dominio, del hombre sobre la naturaleza. Una vez se alcanzó este nivel de desarrollo en que hubo un excedente de producción, se inició el proceso de división de la sociedad. Se pasó de un modo de producción socializado, colectivo, con propiedad común de los medios de producción, y a su vez, distribución y cambio común del producto, a otro modo de producción en que se privatizó la propiedad de los medios de producción.

En consecuencia, lo que plantea el marxismo es que si un sector de la sociedad se apropia de los medios de producción y por ende del control del proceso mismo de la producción, este el factor que genera los antagonismos de clase, es decir, se pasa de una sociedad con intereses comunes a una sociedad con clases y sectores de clase con intereses distintos y antagónicos. Así se llega, en virtud del desarrollo de la producción, a la lucha de clases. Lucha de clases que, según la expresión de Marx, es el verdadero motor de la historia.

No es casual entonces que el manifiesto se inicie contextualizando precisamente la lucha de clases, y poniendo de presente el carácter histórico de las fases del desarrollo de la producción. Si el modo de producción capitalista, dirán Marx y Engels, no es un modo de producción eterno, fijo, inmodificable, sino uno más de los distintos modos de producción por los que ha atravesado la historia de la sociedad, pues entonces es posible cambiar dicho modo de producción. Este, en síntesis, es el propósito de los comunistas, transformar el modo de producción capitalista, pero como dijimos previamente, lo clave de este proceso de cambio, de revolución, es la transformación del carácter social de la propiedad. Lo que buscan los comunistas, siguiendo el planteamiento expuesto en el manifiesto, es confrontar a los dueños de los medios de producción, mediante una intensa lucha de clases, para acabar con el monopolio de la propiedad sobre dichos medios, y convertirlos en medios de propiedad colectiva, sociales, no privados como es hoy en la sociedad capitalista. Este es el comunismo original. ¿Pero, cómo lograrlo?

En buena medida el manifiesto es una propuesta para alcanzar este objetivo. Pero en esto tenemos que ser consecuentes con la concepción materialista de la historia, y ubicar que el plan para lograr este objetivo, que presentó la liga de los comunistas en 1848, era un plan acorde a las condiciones históricas del momento de su publicación, por lo cual no hay que considerar dicho plan como una receta universal, atemporal y de aplicación genérica para todo tiempo y lugar.

Ese plan se basó en un análisis de la formación social burguesa de ese entonces, la sociedad de mediados del siglo XIX, análisis que presenta el nivel de desarrollo alcanzado por dicha sociedad; la correlación de fuerzas entre las dos clases con mayor protagonismo en la lucha de clases, los burgueses y los proletarios; el nivel de desarrollo de las ideas socialistas y comunistas; la relación de los comunistas con los demás partidos de trabajadores; y presenta como aspecto de fondo, la necesidad de que las grandes masas de trabajadores se constituyeran en clase, es decir, que se organizaran para la lucha política y social, para la lucha revolucionaria.

Sin ir más lejos, asimilando lo que Marx y Engels plantean en el manifiesto, este método de entender la dinámica histórica de la sociedad y de asumir una práctica revolucionaria, nos exige a todos los revolucionarios del mundo, a todas las organizaciones sociales, políticas, político-militares como es el ELN, a definir su plan de lucha, su táctica y su estrategia, basados en un análisis de la formación social en este momento de la historia. El análisis de la formación social tiene como punto de partida la sociedad mundial, en razón a que el modo de producción capitalista se ha generalizado a nivel mundial, pero esta categoría del marxismo también nos enseña que el capitalismo no es el mismo en todo tiempo y lugar, por lo cual hay que llevar el análisis de la formación social a nuestro contexto como nación, a la caracterización histórica de nuestra sociedad colombiana.

Fundamentados en una lectura marxista de la realidad, es decir, basados en un análisis de la formación social colombiana, entendiendo el nivel de la lucha de clases en nuestro país, es que el ELN ha adelantado su lucha revolucionaria durante estos 54 años. Hoy tenemos que actualizar el análisis de la formación social colombiana, para hacerle manifiesto a nuestro pueblo, las razones sociales e históricas de nuestra lucha, y para reafirmar que nuestro proyecto revolucionario sigue vigente.

Primer Artículo
Por: Efraín Pabón
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Este 05 de mayo de 2018 se sumplen docientos años del nacimiento de Karl Heinrich Marx y queremos compartir con nuestros compañeros(as) y seguidores(as) algunas reflexiones ambientalistas y ecológicas de este filósofo e investigador Alemán dada la perversidad con que el modelo estractivista capitalista se ensaña hoy contra nuestra madre tierra, que es atentar contra la existencia presente y futura de la humanidad.

Precisamente en sus Manuscritos de 1844, Marx escribe que: "El hombre vive de la naturaleza, esto quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe permanecer en un proceso continuo, a fin de no perecer. El hecho de que la vida física y espiritual del hombre depende de la naturaleza no significa otra cosa sino que la naturaleza se relaciona consigo misma, ya que el hombre es una parte de la naturaleza”.

La Revista Herramienta Nro 47 nos recrea una postura marxista ecológica que queremos compartir con nuestros seguidores(as)como una directa invitación a participar en le debate ambiental ante la realidad crítica que esboza la geopolítica del despojo por parte de las multinacionales capitalistas.

Ranpal.
Colombia, febrero 06 de 2018

   

MARXISMO ECOLÓGICO

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«La burguesía sólo reconoce que un estado es fuerte cuando, haciendo uso de todo el poder del aparato gubernamental, consigue movilizar a las masas en el sentido deseado por los gobiernos burgueses. Nuestra concepción de la fuerza es diferente. Para nosotros lo que da su fuerza a un estado es la conciencia de las masas. El estado es fuerte cuando las masas saben todo, pueden juzgar sobre cualquier cosa y actúan siempre con perfecta conciencia» (Vladímir Ilich Uliánov, «Lenin»).



Hoy nadie da un centavo por teorías que a comienzos de los años noventa del siglo pasado, daban por sentado el triunfo definitivo del capitalismo y el fin de la historia. Para esa época, la euforia y el triunfalismo de las clases poderosas eran totales, alimentadas por la caída de la Unión Soviética y del llamado “Socialismo Real”. Solo pocas voces como las de Fidel sostenían la bandera en alto y las clases dominantes consideraban cuestión de poco tiempo su derrota definitiva.
Sin embargo, la lucha de clases, la lucha de los pueblos en sinnúmero de expresiones se hicieron sentir y a la vez que caía un modelo de sociedad en Europa del este y Asia, en América Latina se levantaban interesantes procesos de masas e insurgentes, inicialmente bajo las banderas de la justicia social y contra el neoliberalismo.


Es el caso del Caracazo, levantamiento popular que movió los cimientos de la sociedad venezolana y que luego fue secundado con la insurrección cívico militar del año 92 liderada por el Comandante Chávez. También los levantamientos indígenas en Ecuador y Bolivia sentaban las bases de los cambios posteriores.
A comienzos del siglo XXl el saldo ya se podía medir. La antigua Unión Soviética y los países que hicieron el retorno al capitalismo habían retrocedido en las conquistas sociales que significaron prosperidad material para millones de personas; el capital que para sobrevivir siempre necesita expandirse tomaba posición política, militar y económica de las nuevas repúblicas cercenándoles su independencia y sometiéndolas al yugo del neoliberalismo.
Mientras tanto Cuba salía adelante y seguía levantando la bandera socialista y de independencia, mostrando innegables resultados sociales en salud, educación, deporte, paz en un periodo muy difícil.

Los pronósticos de Fidel hechos a comienzos de los 90s comenzaban a verse en la realidad: los pueblos se iban a levantar contra el neoliberalismo y surgirían nuevas alternativas. En efecto, el triunfo del Comandante Chávez en las elecciones de 1998 en Venezuela ayudo a avivar las luchas en el mundo y a construir nuevos referentes de sociedad. Para el año 2006 el Comandante volvía a poner el tema del socialismo en la agenda mundial, pero muy especialmente en América latina.
Recordamos los anteriores hechos porque estamos convencidos que las realidades universales e históricas de los pueblos están íntimamente relacionadas y la propuesta socialista que llego bien alto, tras el triunfo de la Revolución Bolchevique del 25 de octubre de 1917, sigue vigente lo mismo que las diversas formas de organización y lucha que emprendieron los revolucionarios rusos durante largos años previos al triunfo, lo cual no quiere decir que no existan condiciones particulares, en cada país, así como practicas a superar en sintonía con la realidad de cada país.
Revolución Rusa de 1917.
El 8 de marzo de 1917 (27 de febrero, según el calendario ortodoxo ruso) comienza una movilización de mujeres que piden pan, porque hay un racionamiento terrible impuesto por la economía de guerra, dando inicio a la segunda revolución rusa.


Hay una primera fase de revolución burguesa, en la cual los Zares son depuestos por el pueblo y la burguesía, pero esta toma un rumbo reaccionario y a favor de la guerra interimperialista (Primera Guerra Mundial)
Entra entonces una segunda fase de revolución proletaria, a partir de la radicalización de los obreros y del inconformismo de soldados y campesinos. Los obreros, campesinos y soldados se organizan en Soviets (Asambleas de trabajadores que expresan la democracia por la base), y las condiciones están dadas para una revolución proletaria y la derrota de la burguesía en el poder, desde hace pocos meses
Previamente, en julio de 1917 Lenin había dicho:
«El pueblo debe convencerse de que no hay otra alternativa que la política bolchevique…No queremos…el golpe revolucionario de una minoría».


Esto, ante la tentativa de muchos bolcheviques por lanzarse a la insurrección antes de tiempo, a lo cual se opone el líder bolchevique, siempre partidario de ganar la voluntad del pueblo y de contar con las mayorías.
Y, en efecto, a fines de septiembre los bolcheviques ganan la mayoría de los soviets en San Petersburgo y en otras ciudades y de 350 bancadas, 310 en las elecciones de Moscú.
Todo esto es un proceso de construcción de legitimidad y hegemonía, muy bien entendido por Lenin, donde fuerza y consenso se combinan para hacer la revolución y para sostener el poder de un estado.


De acuerdo a la experiencia bolchevique, están dadas las condiciones para la revolución si se presentan los siguientes elementos subjetivos:


1) Las fracturas en los grupos dirigentes de la sociedad que permiten a las masas expresar la inconformidad;


2) los niveles de inconformidad en las clases populares;


3) la posición en la lucha de la clase media;


4) el contexto internacional;


5) las dudas generadas en las fuerzas armadas para apoyar o disentir del curso insurreccional.


Por lo anterior, Lenin siempre recalcaba que: “La sola opresión, por grande que sea, no siempre origina una situación revolucionaria en un país”. De ahí la necesidad de una sólida organización de cuadros y de masas, así como de una táctica y una estrategia bien estructuradas que al mediano y largo plazo rinden sus frutos al calor de la lucha de clases, sectores sociales y pueblos.


La Revolución Bolchevique del 25 de octubre de 1917, fue todo un proceso que involucró a una multiplicidad de naciones (No solo a Rusia) y que implicó la participación de las grandes mayorías oprimidas; no es el golpe de una minoría como lo dicen los medios de la propaganda imperialista, sino que allí se desencadenaron las fuerzas de las clases populares bajo la acertada conducción de los bolcheviques y de su líder Lenin, que bien plantearon que ese era el comienzo de una revolución mundial.

Por: Javier Cáceres

Tomado de la RPI 397

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Durante la Campaña ideológica Siempre Rebeldes 2017 venimos compartiendo con nuestros seguidores reflexiones sobre los 100 años de la Revolución Rusa, los 150 años de la publicación del primer tomo del Capital, sobre los 50 años de la siembra socialista y humanística de Ernesto el CHE Guevara y a un año del fallecimiento del Comandante Fidel Castro. Recrear hoy en día la emancipación Bolchevique y la revolución cubana significa para el trabajador y el pueblo en general renovar bríos, ideas y esperanzas en medio de la catastrófica miseria social que nos impone el imperialismo; y en ese mismo sentido comprender la inhumanidad, es decir, la cosificación que lleva implicita la práctica neoliberal-capitalista con su carga consumista y depredadora, es parte de nuestra mirada crítica y responsabilidad biológica para empujar con "amor eficaz" la organización y la movilización hacia los campos y ciudades de "buen vivir". Ya lo decía Henry Bergson: "El futuro no es lo que vendrá, sino lo que seremos capaces de hacer".

Les dejamos a su deleite y para que los distribuyan, una conversación con escritores y filósofos como el cubano Pablo Guadarrama o la argentina Estela Fernández Nadal, investigadora y doctora en Filososfía, hablando de lo que es el socialismo y la vigencia de Carlos Marx. Asimismo anexamos a su audiobiblioteca crítica un breve texto de la Introducción al libro "Capitalismo y Despojo" del profesor e historiador colombiano Renan Vega Cantor, que nos ilustra muy bien lo que es la pertinencia del pensamiento marxista.

Ranpal. "Comunicamos para vencer".

 

HOMBRE DE HIERRO DE MARX HOY ES HOMBRE DE SILICIO


A comienzos del siglo XXI, el fetichismo de la tegnología ha llegado a tal punto que como lo anticipó brillantemente Carlos Marx, las relaciones no se dan entre seres humanos sino entre cosas inanimadas a las que se les atribuye vida propia, como sucede con todo tipo de máquinas y artefactos. Por supuesto, la dominación capitalista se vale dela tegnología para mantener la explotación, las injusticias, la desigualdad, la miseria, todo a nombre de una racionalidad instrumental, que para completar se presenta como neutral.

En el Capitalismo laa tegnología emerge como un poder omnipotente que machaca a los individuos desde el exterior, cual si fuera un poderoso engranaje que los va "expropiando del control de sus propias vidas" y va determinando sus acciones más elementales. Algo así como lo que aparece en la novela Metrópolis de Thea Von Harbou donde

"De la mañana a la noche. a mediodía, por la tarde, la máquina ruge pidiendo alimento. ¡Vosotros sois el alimento!¡Sois el alimento vivo!¡La máquina os devora y luego, exhaustos, os arroja! ¿Por qué engordáis a las máquinas con vuestros cuerpos? ¿Por qué aceptáis sus articulaciones con vuestro cerebro? ¿Por qué no dejáis que las máquinas mueran de hambre, idiótas? ¿Por qué no las dejáis perecer, estúpidos? ¿Por qué las alimentáis? Cuanto máis lo hagaís, más hambre tendrán de vuestra carne, de vuestros huesos, de vuestro cerebro. Vosotros sois diez mil. ¡Vosotros sois cien mil! ¿Por qué no oslanzáis, cien mil puños asesinos, contra las máquinas?"*


La tecnología ha sido importante para el capital en el proceso de expropiación de bienes y saberes, algo que se torna más evidente en el mundo actual porque aquélla ha penetrado hasta en los ámbitos más recónditos de la vida cotidiana. Recordemos que en estos momentos se nos anuncia que las Tecnologías de la Información y la Comunicación han inaugurado una nueva fase de la historia humana, en la cual habrían desaparecido las contradicciones esenciales del modo de producción capitalista y ahora tendriamos la oportunidad de solicionar nuestros problemas y los de la sociedad con la pretendida democratización que traerían consigo los artefactos microelectrónicos, empezando por la computadora. (Ejemplo patético al respecto: Thomas Friedman, La Tierra es Plana. Breve historia del mundo globalizado en el siglo XXI. Ed. Martínez Roca/Barcelona/2006.

Marx señaló en reiteradas ocasiones el caracter deshumanizador de la máquina en el proceso de expropiación de los trabajadores, mediante el cual los subordina al engranaje maquinístico, al que denominaba como "el gran autómta", porque en el "autómata" y en la máquina movida por él, el trabajo del pasado se muestra en apariencia como activo en sí mismo, independientemente del trabajo vivo, subordinándolo y no subordinándose a él: El hombre de hierro contra el hombre de carne y hueso".**

Esta última afirmación sintetiza en forma magistral el impacto de la tecnología en el capitalismo: los seres humanos que con su trabajo producen las máquinas aparecen subordinados, en los mismos procesos de trabajo, al "hombre de hierro", es decir, a sus propios productos, porque estos son usados por el capitalismo para aumentar la extracción de plusvalía, y para facilitar que el trabajo muerto domine sobre el trabajo vivo.

La expresión "hombre de hierro" adquiere hoy un sentido más amplio, más metafórico si se quiere, que el atribuido por Marx, ya que ahora puede ser aplicable, no solo a las máquinas que se usan en los procesos productivos sino a todos los artefactos que se emplean en la vida cotidiana. El "hombre de hierro", porque es finalmente producto del hombre de carne y hueso, es el televisor, elcomputador, el celular, el ¡Phone, el BlackBerry... El hombre de hierro de Marx, es hoy el "Hombre de silicio, el ídolo informático al que se adora en los altares del consumo.

Tomado de la Introducción al libro Capitalismo y Despojo/Renan Vega Cantor/Ed.Periferia, Impresol/Aury Sara Marrugo/Bogotá 2013.

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*¿Dónde estamos?Http://www.sindominio.ne/ecotopia/textos/donde_estamos.html

**Karl Marx, la tecnología del capital/edit.Itaca.Mèx/2005,p 57

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La revolución no constituye un episodio puntual, fechable y fotografiable, sino un proceso largo, de meses y de años, en el que las estructuras osificadas de la sociedad, las clases sociales y las instituciones se licúan y todo, absolutamente todo lo que antes era sólido, normal, definido, previsible y ordenado se diluye en un ‘torbellino revolucionario’ caótico y creador”.

García Linera en ¿Qué es Revolución?

La revolución rusa es el acontecimiento más importante en el siglo XX, rompió con las ideas políticas, los Estados modernos e imaginarios sociales dominantes, mostrando a los pueblos una nueva alternativa. Con la revolución de octubre los pueblos recuperaron su papel como sujetos en la historia, encontrando los caminos y la posibilidad de un mundo distinto. A partir de ese momento este proceso se convertirá en un referente para los pueblos del mundo, y por eso mismo objeto de satanización y estigmatización por parte de los reaccionarios.

Las alianzas y el proceso revolucionario

Hasta el siglo XX Rusia fue gobernada por el Zarismo, régimen monárquico que gobernaba por el terror, a través de una policía política omnipresente, con ejecuciones de sus oponentes, su encarcelamiento o deportación. Después de un gran levantamiento en el que participaron diferentes sectores sociales en alianza, el zar Nicolás II se vio obligado a dimitir en 1905. Con ello, se instaló la duma (parlamento) encabezada por la burguesía liberal, con unas minorías obreras y revolucionarias. El gobierno “democrático” de la duma fue aprovechado por los revolucionarios para legalizar su partido, aumentar su influencia dentro del movimiento obrero, y sobre todo en el campesinado, sector mayoritario de ese país. Así se estableció una alianza obrero-campesina fundamental para la siguiente fase del proceso revolucionario.

Cabe resaltar que, según los planteamientos teóricos para ese momento, no se contemplaba la posibilidad de un proceso revolucionario en Rusia. Se consideraba que el socialismo se podría realizar solo en los países más desarrollados de Europa central, y bajo la dirección de la clase obrera. En Rusia un país “atrasado”, principalmente agrario logró desatar un movimiento revolucionario que rompió con el antiguo régimen feudal y de manera casi paralela con el Estado burgués, demostrando que existían eslabones débiles que podrían romperse en la cadena imperialista a través de la lucha popular.

En el movimiento obrero existieron divergencias en el cómo hacer la revolución. Entre los representantes de la II Internacional predominaba el planteamiento de que la lucha se realizaría en el parlamento, a través de reformas graduales que transitarían al socialismo. Lenin y los bolcheviques romperían con esos postulados, luchando contra viento y marea dentro y fuera del movimiento revolucionario ruso, señalando que: solamente se conseguiría la revolución socialista, si el pueblo como sujeto activo y organizado, llegado el momento, tomara en sus manos a través de la insurrección la dirección del Estado burgués y, así emprender las transformaciones radicales para Estado obrero.

Herramientas populares y revolucionarias

La libertad política del gobierno de la Duma no duró mucho, y rápidamente la burguesía liberal y fuerzas reaccionarias traicionaron, cambiando las reglas electorales a su favor y excluyendo del poder a los obreros en 1912. Toda la miseria y pobreza se agudizó con la entrada en la I guerra mundial en 1914, en la que Rusia nunca tuvo un ejército de verdad, solamente contaba con una gran población que era arrojada a su suerte al frente de batalla, no se contaba con una dirección capacitada, la tecnología y logística. La guerra dejó 5 millones entre muertos heridos y prisioneros. Muchos soldados que en realidad eran campesinos en armas, desertaron y se unieron al movimiento revolucionario de Petrogrado contra la guerra, donde las mujeres habían iniciado una huelga que llegaba a los 150 mil obreros invadiendo las calles paralizando el orden público y pidiendo la paz.

En febrero de 1917 el gobierno se vio presionado ante los levantamientos campesinos, soldados y obreros contra la guerra presentándose una situación de doble poder en el Palacio de Tauride, donde a la izquierda sesionaba el Soviet de Petrogrado y a la derecha el zarismo y la burguesía. Se dieron negociaciones entre las dos partes, manteniendo el ejército de lado de los obreros, y abriendo un gobierno provisional. Lenin que se encontraba exiliado para ese momento, al conocer de la situación publicó más tarde las conocidas Tesis de Abril, donde desconoce el apoyo al gobierno provisional y menos aún a la guerra imperialista que este había decidido continuar, a pesar del gran descontento popular.

La propuesta de Lenin era ir por todo, el partido bolchevique estaba en mejores condiciones que en 1905, poseía gran influencia en los sindicatos obreros, en el ejército, y las ligas campesinas que se organizaron en soviets oponiéndose al gobierno provisional. Los bolcheviques impulsaron entonces la insurrección, tomando las armas sin vacilaciones para derrocar a los elementos burgueses y reaccionarios.

Los Soviets como motor de la revolución

El rechazo a la guerra imperialista fue el factor fundamental que oponía las masas al régimen, estas se habían radicalizado y no querían más muerte y hambruna. Aun así, el gobierno de Kerenski continuo la guerra, provocando levantamientos. Los bolcheviques, desconociendo el gobierno de Kerenski agitaron la consigna todo el poder a los Soviets que eran consejos de obreros, soldados y campesinos que servían como gobierno propio en las diferentes regiones de Rusia. En reacción Kerenski y el gobierno burgués volvió a ilegalizar los sindicatos y la actividad de los bolcheviques haciendo que estos actuaran nuevamente en la clandestinidad. Posteriormente con nuevos enfrentamientos y con poca maniobra, el gobierno llama a dialogar en una conferencia, la cual es boikoteada por los revolucionarios negándose a hacer alguna concesión a los reaccionarios, que huyeron de Petrogrado.

Con Petrogrado en manos de la insurrección y la organización de los soviets, la única alternativa que le quedo al régimen fue intentar un golpe militar dirigido por Kornilov, el cual ni siquiera logro llegar a la ciudad, cuando los obreros ferroviarios se negaron a andar sus máquinas. Así la insurrección planteada por Lenin resulto victoriosa, al lanzarse en el momento preciso y con los bolcheviques al frente negándose a cualquier tipo de concesión o alianza con sus principales enemigos. Posteriormente se proclamó como la primera revolución proletaria y el primer Estado obrero en el mundo.

Revolución Vs Contrarrevolución

Con la revolución vino la contrarrevolución y la guerra imperialista a manos de las potencias de Francia EE.UU e Inglaterra que implico, terrorismo, recortes territoriales, hambrunas que fue resistida en el periodo que fue llamado comunismo de guerra. Después de terminar I guerra mundial, el gobierno soviético sabía que los ojos del imperialismo estarían sobre él, para lo que logro fortalecer su economía y su defensa vertiginosamente; Sin ningún aliado, conociendo del fracaso en la revolución en los países más avanzados. Más adelante se pondrían a prueba con la victoria contra el fascismo, no sin costarle inmensas pérdidas humanas y materiales.

Más allá de los problemas y las difíciles condiciones que enfrento hasta su disolución, ya que la historia no siempre es sencilla, la revolución de octubre demostró que es posible las transformaciones materiales, la industrialización, los avances en educación y salud, la equidad entre otras. Finalmente, este movimiento despertó la lucha en todo el mundo por lo que siglos atrás habían proclamado como igualdad libertad y fraternidad para todos los pueblos del mundo, se convirtió en faro y apoyo de muchos otros pueblos que siguieron el rumbo revolucionario y de la autodeterminación. Al mismo tiempo los reaccionarios difundieron toda serie de leyendas de terror asociadas al comunismo, y hoy dicen victoriosos que el socialismo ha fracasado, pero el capitalismo nunca a funcionado, la depredación y explotación llegan a niveles absurdos que ponen en peligro la especie y la naturaleza. Este no es el fin de la historia, es un siglo de experiencias y enseñanzas, que serán valiosas mientras no acabe la voluntad de lucha, rebeldía y creatividad de los pueblos.

16 Octubre 2017
Escrito por Camilo Trochez

Tomado de la Revista Insurrección del ELN Nro 603.

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